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Escrito por: Mauricio Torres

Las 6 etapas de la gestión de proyectos de construcción 

La gestión de proyectos de construcción exige coordinar diseño, contratación, recursos, plazos y costos en un entorno con variables difíciles de controlar, como el clima, el terreno, los permisos o el precio de los materiales. 

Organizar el trabajo en etapas permite anticipar riesgos, tomar decisiones con información confiable y mantener el control desde la idea inicial hasta la entrega. 

En este blog te mostramos las seis etapas de un proyecto de construcción, los desafíos más frecuentes en la gestión de obras y las funciones que debe ofrecer un software para administrarlas. 

¿Qué es la gestión de proyectos de construcción?

La gestión de proyectos de construcción es el proceso de planificar, coordinar, supervisar y controlar una obra durante todo su ciclo de vida. 

Su objetivo es entregar un resultado que cumpla los requisitos del propietario dentro del plazo, el presupuesto y los estándares de calidad y seguridad acordados.

Este enfoque puede aplicarse a una sola obra o a toda la cartera de una empresa constructora. 

En ambos casos conecta personas, procesos, recursos y cronogramas dentro de un mismo sistema de trabajo, para que el avance sea predecible y las decisiones se tomen con información confiable.

Lo que hace especial a la construcción frente a otros tipos de proyectos es la cantidad de variables que no dependen del equipo: el clima, las condiciones del terreno, la variación en el precio de los materiales, los permisos municipales y la disponibilidad de mano de obra calificada. 

Por eso conviene dividir el trabajo en etapas secuenciales, donde cada una se apoya en los resultados de la anterior.

¿Cuáles son las etapas de un proyecto de construcción?

No existe una única forma de agrupar las fases, algunas organizaciones del sector hablan de cinco etapas y otras de seis o más, pero todas coinciden en la misma lógica: primero se decide si el proyecto es viable, luego se diseña, se contrata, se prepara, se construye y por último se entrega. 

Te recomendamos trabajar con el siguiente modelo de seis etapas, porque separa con claridad las decisiones de negocio, las técnicas y las operativas.

1. Concepción y estudio de viabilidad

Todo comienza con una necesidad del propietario, ya sea un edificio de oficinas, un conjunto habitacional, una nave industrial o una obra de infraestructura. 

En esta etapa se define para qué servirá el proyecto, qué beneficios se esperan y bajo qué condiciones vale la pena invertir, las actividades principales son:

  • Elaborar el caso de negocio, con el uso previsto del inmueble, los ingresos o beneficios esperados y el retorno de la inversión.
  • Realizar el estudio de viabilidad técnica, financiera y legal, que analiza el uso de suelo, la normativa urbanística, los costos estimados y las opciones de financiamiento.
  • Identificar a las partes interesadas y su nivel de influencia en las decisiones.
  • Hacer una evaluación preliminar de riesgos.
  • Establecer objetivos medibles e indicadores para evaluar el éxito del proyecto.

El resultado de esta fase es una decisión clara: continuar, ajustar el alcance o descartar la idea. 

Descartar un proyecto a tiempo también es una buena gestión, porque evita invertir recursos en algo que no será rentable o que no podrá aprobarse.

2. Diseño e ingeniería

Con la viabilidad confirmada, el propietario trabaja junto a arquitectos e ingenieros para definir el tamaño, la distribución y las características técnicas de la obra. 

El diseño suele avanzar de lo general a lo particular: primero un diseño conceptual, luego un anteproyecto o diseño esquemático y finalmente el desarrollo detallado, en esta fase se elaboran:

  • Los planos arquitectónicos y las especificaciones técnicas de materiales y acabados.
  • El diseño estructural, con los cálculos que garantizan la estabilidad y seguridad de la edificación.
  • El diseño de las instalaciones eléctricas, sanitarias, mecánicas y de climatización.
  • Las cantidades de obra y un presupuesto referencial más preciso que el de la etapa anterior.

También es el mejor momento para incorporar criterios de sostenibilidad y eficiencia energética, y para aplicar ingeniería de valor, es decir, buscar alternativas que mantengan la calidad y la funcionalidad con un menor costo. 

Antes de cerrar la etapa, los diseños deben revisarse frente a la normativa vigente y validarse con el propietario.

3. Licitación, compras y contratación

Con los planos y especificaciones terminados, llega el momento de conformar el equipo que construirá la obra. 

La primera decisión es el método de entrega del proyecto, los más utilizados son:

  • Diseño, licitación y construcción: el modelo tradicional, en el que el diseño se completa antes de contratar al constructor.
  • Diseño y construcción: una sola empresa asume el diseño y la ejecución, lo que suele acortar los plazos.
  • Entrega integrada de proyectos (IPD): propietario, diseñadores y constructores colaboran desde el inicio y comparten riesgos y beneficios.

Luego se invita a los contratistas a presentar ofertas o se negocia de forma directa con empresas de confianza. 

Al evaluar las propuestas, el precio es importante, pero no es el único criterio, te recomendamos revisar también la experiencia en obras similares, la capacidad técnica, el historial de cumplimiento y la capacidad de presentar garantías y seguros.

Esta etapa incluye además la selección de proveedores y la programación de los materiales y equipos con tiempos de entrega largos, como estructuras metálicas, ascensores o equipos de climatización.

Un retraso en estas compras puede detener frentes de trabajo completos más adelante.

4. Preconstrucción y planificación detallada

Una vez firmados los contratos, el contratista general y el equipo de gestión preparan todo lo necesario para iniciar los trabajos en sitio. 

Muchos especialistas consideran que esta es la etapa que más influye en el éxito de la obra, porque aquí se definen las reglas con las que se medirá todo lo demás, las tareas clave a realizar son:

  • Permisos y licencias: tramitar ante las autoridades las aprobaciones de construcción, conexiones de servicios y demás requisitos legales.
  • Levantamiento del terreno y estudios de suelo: confirmar las condiciones reales del sitio y registrar cualquier situación que no aparecía en los documentos del contrato.
  • Estructura de desglose del trabajo (EDT o WBS): dividir el proyecto en entregables, actividades y tareas para tener una hoja de ruta completa.
  • Cronograma: convertir la EDT en un programa de obra con duraciones, dependencias e hitos, identificando la ruta crítica, que es la secuencia de actividades que no admite retrasos sin afectar la fecha final, un diagrama de Gantt facilita visualizar este programa.
  • Presupuesto de obra: detallar costos directos e indirectos, definir reservas de contingencia y proyectar el flujo de caja.
  • Plan de gestión de riesgos: identificar amenazas y definir si se eliminan, se controlan o se transfieren mediante seguros.
  • Plan de seguridad y salud ocupacional: establecer protocolos, capacitaciones y planes de emergencia para proteger a los trabajadores.
  • Plan de comunicaciones y de calidad: definir quién informa qué, por qué medio y con qué frecuencia, además de los criterios de aceptación de cada entregable.
  • Logística del sitio: organizar accesos, bodegas, instalaciones provisionales y ubicación de maquinaria.

5. Ejecución, seguimiento y control de la obra

Esta es la fase más visible, en la que los planos se transforman en una construcción real, inicia con una reunión en la que todas las partes revisan sus responsabilidades. 

A partir de allí se compran y reciben los materiales, se conforman las cuadrillas y comienzan los trabajos físicos.

La ejecución nunca debe ir sola, en paralelo, el equipo de gestión necesita controlar de manera permanente:

  • El avance físico frente al cronograma: permite detectar desviaciones a tiempo y ajustar la programación cuando sea necesario. 

Un buen programa de control de obras de construcción facilita comparar lo planificado con lo ejecutado en cada frente de trabajo. 

  • Los costos frente al presupuesto: idealmente con el método del valor ganado, que compara lo planificado, lo ejecutado y lo gastado para proyectar el resultado final.
  • La calidad: mediante inspecciones y pruebas de materiales según los protocolos definidos.
  • La seguridad: verificando el cumplimiento de las normas en cada frente de trabajo.
  • Las órdenes de cambio y las solicitudes de información: que deben documentarse y aprobarse antes de ejecutarse.
  • Los reportes diarios y el libro de obra: que dejan registro de lo ocurrido en el sitio.

La comunicación entre la oficina y el campo es decisiva en esta etapa, cuando un frente trabaja con planos desactualizados o una compra no llega a tiempo, el problema se propaga a las actividades siguientes. 

Contar con una sola fuente de información actualizada reduce los reprocesos y las disputas.

6. Puesta en marcha, entrega y cierre

Cuando la construcción física termina, el proyecto todavía no ha concluido, la última etapa asegura que la obra funcione, que el cliente la reciba conforme y que todos los compromisos contractuales queden saldados, incluye las siguientes actividades:

  • Inspecciones finales y lista de pendientes: recorrer la obra, registrar los detalles que deben corregirse y verificar que cada punto quede resuelto.
  • Puesta en marcha de sistemas: probar que las instalaciones eléctricas, sanitarias, mecánicas y de seguridad operen según el diseño.
  • Capacitación al cliente: mostrar al propietario y al administrador del inmueble cómo operar y mantener cada sistema.
  • Entrega documental: planos conforme a obra, manuales de operación y mantenimiento, garantías y certificados.
  • Cierre financiero: liquidar contratos, realizar los pagos finales y liberar las retenciones pendientes.
  • Evaluación y lecciones aprendidas: comparar los resultados con los objetivos iniciales y documentar las buenas prácticas para futuros proyectos.

Después de la entrega suele iniciar un período de garantía en el que el constructor responde por defectos según el contrato y la normativa aplicable.

¿Cuáles son los desafíos frecuentes en la gestión de obras?

Además de los problemas operativos que se presentan durante la ejecución, como las compras tardías o los cambios sin documentar descritos en la etapa 5, muchas empresas constructoras enfrentan obstáculos de carácter más estructural:

  • Información dispersa: los datos se manejan en hojas de cálculo, correos, mensajes y documentos en papel, lo que dificulta saber cuál es la versión vigente.
  • Control financiero tardío: los presupuestos se revisan al cierre del mes, cuando ya es tarde para corregir desviaciones.
  • Poca visibilidad del portafolio: resulta difícil seguir varios proyectos simultáneos y conocer la carga de trabajo de cada equipo.
  • Factores del mercado: la escasez de mano de obra calificada y la variación en el precio de los materiales afectan los costos y los plazos.

La mayoría de estos problemas tiene un origen común: los datos de la obra, de compras y de finanzas se gestionan en sistemas separados que no se comunican entre sí.

¿Qué es un software para administrar proyectos de construcción?

Un software de construcción es una herramienta digital que permite a los equipos de obra organizar sus tareas, coordinar a los involucrados y cumplir con los plazos establecidos, en el mercado existen dos tipos principales:

  • Soluciones especializadas tradicionales: incluyen funciones diseñadas específicamente para el sector de la construcción, sin embargo, su curva de aprendizaje suele ser más larga y, por lo general, requieren que un gerente de proyecto se encargue de configurarlas y administrarlas.
  • Plataformas modernas de gestión: se adaptan con facilidad a distintos tipos de equipos y son intuitivas, por lo que cualquier miembro del equipo puede utilizarlas sin una formación técnica extensa.

¿Qué debe tener un software para gestión de proyectos de obras de construcción?

Las innovaciones tecnológicas en la construcción ayudan a tomar decisiones más rápidas y con información confiable, al evaluar una herramienta, te recomendamos verificar que te permita: 

  • Planificar cronogramas con dependencias, hitos y ruta crítica.
  • Controlar presupuestos y costos reales en tiempo real, por proyecto y por partida.
  • Gestionar compras, proveedores e inventarios de materiales vinculados a cada obra.
  • Administrar contratos, subcontratistas, anticipos y retenciones.
  • Centralizar planos, documentos y reportes en un solo lugar.
  • Consultar y actualizar información desde el sitio de trabajo con dispositivos móviles.
  • Generar reportes e indicadores para la gerencia sin depender de procesos manuales.
  • Integrar la operación de la obra con la contabilidad y las finanzas de la empresa.

Este último punto marca la diferencia entre una herramienta aislada y un ERP.

Cuando la planificación, las compras, los costos y la contabilidad comparten la misma base de datos, cada decisión en obra se refleja de inmediato en los resultados financieros de la empresa.

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Gestionar las seis etapas de un proyecto con herramientas desconectadas multiplica los errores y retrasa las decisiones. 

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Conclusión

Una obra exitosa no depende solo de la ejecución en sitio, sino de la solidez de cada etapa: un estudio de viabilidad bien fundamentado, un diseño completo, una contratación adecuada, una preconstrucción detallada, un control permanente durante la obra y un cierre ordenado. 

Cada fase se apoya en la anterior, por lo que un error no corregido a tiempo se traslada a las siguientes y aumenta costos y plazos. 

Contar con información centralizada y actualizada en todas las áreas de la empresa facilita detectar desviaciones de forma oportuna y entregar proyectos dentro del alcance, el presupuesto y los estándares de calidad y seguridad acordados. 

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